Podéis imaginar que mí primer pensamiento al ver el número de teléfono y la cita fue: Pues puedes esperar sentado, sin embargo mientras regresaba a casa, iba madurando las cosas y viendo que no todo es blanco o negro y que tras ese comportamiento de un extraño para conmigo tal vez subyacían cosas que podrían ser interesantes, tal vez analizar ese tipo de comportamiento, observar si siempre se comportaba así con todo el mundo, en fin, que mi cabeza se tornó como un lugar lleno de voces, gritos en el que los sentidos opinaban de manera diferente, menudo lió me estaba armando yo sola. Decidí no hacer caso, pasar del mensaje y seguir mi rutina. En ese momento me encaminé a la tienda a comprar lo preciso, había hecho una lista y me enfrasqué en ella. La tienda abarrotada como siempre, y además con esos nuevos estilos de una sola cola para todas las cajas, resulta un horror y hay que esperar y esperar. Recordé lo fácil que ahora me parecían aquellas otras tienditas del barrio a las que llegabas y... ya casi sin preguntarte tenías la ayuda, siempre un poco de charla y al salir parecía que aunque habías aligerado la cartera llevabas todo lo preciso y no olvidabas nada, no como ahora que de tres cosas me olvido de dos.
Regresé a casa y tras hacer lo preciso para la comida y guardar la compra me dedique a leer el periódico del día. Ahora eso lo hago a través del ordenador, también me he perdido ese momento de ir al quiosco y comentar como está el día, en fin, estoy siendo bastante pesimista hoy, así que mejor dejo todo y me pongo a leer.
Octubre 2019

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