Caminaba con paso tranquilo por uno de mis lugares favoritos, el muro de San Lorenzo. llevaba la capucha de mi chubasquero calada a fondo, estaba lloviznando, y no tuve la precaución de coger un paraguas al salir de casa. Caminaba y mi preocupación era solamente no tropezar con alguien pues al llevar la cabeza un poco inclinada no podía ver claramente a la gente que venía en sentido contrarío. Fue así, de esta manera que pasó que no pude o no pudimos evitar el choque entre nosotros, fue un instante y ¡Zas! estábamos cogidos intentando no caer. Al instante siguiente ambos pedimos disculpas al otro, queríamos echar la culpa a la lluvia. Él dijo: Lo siento este Orbayu no me deja ver lo que viene en otra dirección.... Yo también decía algo parecido.
Mientras la lluvia seguía cayendo lánguidamente sobre todo y todos. Nos miramos un momento y de pronto surgió la pregunta. Estoy pensando que en lugar de hablar aquí bajo este Orbayu podemos tomar un café y charlar tranquilamente. Te parece bien?. Yo con cara de asombro, pero encantada con la idea acepté Me comentó que solía tomar café en un local llamado Punto caramelo, y nos dirigimos a la cafetería que estaba al otro lado de la calle. Este es sin duda un lugar acogedor, tiene una enorme variedad de tartas, así que es el paraíso de los golosos, sin duda que si.
Buscamos una mesa con la vista del paseo y la playa y pedimos unos cafés. Yo en ese momento pensé que las cosas en la vida a veces suceden de la manera más inesperada, que apenas unos minutos antes yo iba enfrascada en mis problemas, en mis menudencias cotidianas y ahora estaba a punto de tomar un café en compañía de un hombre del que ni siquiera conocía su nombre, alguien que nunca me había tropezado en esta ciudad en la que se desarrolla mi vida día a día.
Fui yo la que rompió el hielo.
Hola soy Isabel y tú?. Me miró durante un momento que me pareció eterno y dijo: no me reconoces?. Aquello ya si que me dejo más que sorprendida. Lo miré detenidamente y dice con la mayor humildad que pude. Pues... mira, lo siento, pero no creo que te conozca. Rompió a reír. Su risa era contagiosa, pero agradable, seguí allí como una tonta mientras el me observaba, al final, me dijo. Soy el chico despistado que ha tropezado contigo, así que si que me conoces desde hace unos minutos. Ahhhhhhhhhh!!! Una broma, por favor mi nombre es Fernando, encantado de saludarte, de estar aquí a cubierto de la lluvia charlando amigablemente contigo y espero que podamos seguir haciéndolo.
No pude por menos de sonreir y afirmar.
Lo dejamos aquí por hoy
Octubre 2019

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